Saltar al contenido

Tu reacción ante un elogio inesperado revela tu autoestima y cómo puedes ampliarla.

Persona escribiendo en una libreta en una cafetería, con taza de café y móvil sobre la mesa. Planta al fondo.

Estás a mitad de una reunión, tomando notas, intentando parecer implicado pero no demasiado entusiasta, cuando de repente tu jefe se gira hacia ti.

-Por cierto, ¿ese informe que hiciste la semana pasada? Fue brillante. De verdad, salvaste el proyecto.

Tu cerebro se queda en blanco un segundo.

Sientes cómo se te calientan las mejillas. Y tu boca suelta algo como: «Oh, no fue nada, en serio, solo copié lo que hizo Emily el trimestre pasado». Bajas la vista a tu cuaderno. Tachas algo que no necesitaba ser tachado. El momento pasa, pero deja un eco extraño.

¿Por qué ese elogio se sintió más amenazante que la fecha límite?

¿Y qué, exactamente, reveló tu reacción sobre lo que crees que vales?

La pequeña pausa después de un elogio que lo dice todo

Obsérvate la próxima vez que alguien te haga un cumplido. No las palabras que dices, sino esa fracción de segundo anterior. Esa micro-pausa suele contener más verdad que toda la conversación que viene después.

Hay gente que se ilumina y sostiene la mirada. Otros apartan la vista al instante, cambian de tema o explican por qué el elogio es «demasiado». Casi puedes verles esquivar un puñetazo invisible.

¿Ese paso incómodo, la risita nerviosa, el reflejo de «bah, no es nada»? No va de educación. Es la autoestima, filtrándose por las grietas de la amabilidad social.

Imagínate esto. Tu amiga sube un dibujo a internet, algo que garabateó a la 1 de la madrugada. Tres personas entran a comentar: «Esto es increíble», «Tienes muchísimo talento», «Por favor, haz más de esto». Y ella responde a cada uno: «Jaja, no, es solo un garabato», «Las proporciones están fatal», «Deberíais ver a artistas de verdad».

No discute con el odio. Discute con el elogio.

O piensa en ese compañero al que reconocen en público y responde al instante: «Sinceramente, fue cosa de todo el equipo», incluso cuando sabes que cargó con todo. No son solo personas tímidas. Son personas cuya vara de medir interna dice: «¿Tanto elogio? Eso no puede ir conmigo».

Lo que está pasando en realidad es un choque entre evidencia externa y creencias internas. El cumplido es un dato nuevo: «Has hecho algo valioso». Tu sistema de autoestima tiene un guion más viejo: «Soy del montón», «Voy retrasado», «Siempre estoy a un error de que me descubran».

Así que tu mente hace lo que hacen todas las mentes cuando la realidad amenaza una creencia nuclear: distorsiona, rebaja, lo explica para quitárselo de encima.

Por eso una sola frase de elogio puede sentirse más pesada que todo un día de críticas. Una roza una creencia que llevas años arrastrando. La otra simplemente la confirma.

Cómo recibir elogios sin encogerte (y qué cambia dentro de ti)

Hay una práctica pequeña, casi ridícula, que reconfigura este patrón en silencio. La próxima vez que alguien te elogie, haz solo esto: para, respira una vez y di: «Gracias».

Sin justificaciones. Sin contraargumentos. Sin «pero». Deja que el silencio después de «gracias» dure una respiración más de lo que te apetece. Y luego sigue.

Este gesto diminuto no va de modales. Va de enseñarle a tu sistema nervioso que puedes sobrevivir a que te vean bajo una luz positiva. No vas a explotar. No van a «pillarte». Eres simplemente una persona que hizo algo que salió bien, y puedes permitir que ese hecho exista.

Lo que nos hace tropezar a muchos es el miedo a que aceptar elogios equivalga a arrogancia. Así que sobrecorregimos. Nos encogemos, desviamos, o devolvemos el cumplido como si fuese demasiado caro para quedárnoslo.

Seamos sinceros: nadie hace esto a la perfección todos los días. Incluso la gente segura se encoge a veces. Los relatos antiguos de «no te crezcas» o «no te lo tengas tan subido» se pegan como velcro. Sobre todo si creciste en una casa o una cultura donde la modestia era supervivencia, no solo buenos modales.

El truco no es saltar del auto-desprecio al pavoneo. Es aterrizar en un punto medio donde reconoces lo que hiciste bien sin inflarlo ni borrarlo.

«Recibir elogios sin encogerte ni actuar es una de las formas más silenciosas y valientes de cambiar cómo te ves a ti mismo.»

  • Practica una respuesta de una sola línea
    «Gracias, significa mucho», o «Gracias, me lo curré». Simple, honesto, sin disculpas.
  • Observa la reacción de tu cuerpo
    ¿Se tensan los hombros, bajas la mirada, se te acelera la voz? Eso es condicionamiento antiguo, no verdad presente.
  • Deja que el cumplido se quede como un dato
    En vez de discutirlo, trátalo como una pieza de evidencia sobre ti. No es toda la historia, pero sí una parte real.
  • Resiste el impulso de rebajarlo
    No respondas a «Buen trabajo» con «Fue pura suerte». Puedes ser humilde sin borrarte.
  • Repásalo más tarde
    Por la noche, recuerda lo que te dijeron, palabra por palabra. Deja que tu cerebro lo oiga otra vez, sin la presión social del momento.

Expandir tu autoestima para que el elogio se sienta natural, no peligroso

Mira hacia atrás y piensa en los últimos cinco cumplidos que recibiste. Quizá a alguien le gustó tu ropa. Quizá tu pareja valoró cómo llevaste una semana dura. Quizá un colega dijo que tu idea era muy aguda.

¿Cuántos de esos elogios dejaste entrar de verdad?

No hay marcador, ni un número «correcto». Lo importante es detectar el patrón. Porque ese patrón es donde vive tu autoestima en el día a día, no en conceptos abstractos como «confianza» o «amor propio». La forma en que respondes a los elogios es como un espejo: refleja el tamaño del espacio que te permites ocupar en el mundo.

Puedes estirar ese espacio con suavidad. Empieza por escribir los elogios, palabra por palabra, tal como te los dicen. No lo que crees que querían decir. Su frase exacta. Vuelve a leerla más tarde, cuando la carga emocional del momento se haya enfriado.

Pregúntate: «Si esto fuera sobre otra persona, ¿lo discutiría?» La respuesta casi siempre es no. Aceptamos las fortalezas de los demás con mucha más facilidad que las nuestras. Con el tiempo, esta comparación simple afloja el agarre de creencias antiguas como «no me merezco esto» o «solo están siendo amables».

No estás fingiendo confianza. Estás actualizando un autorretrato desfasado con información en tiempo real.

También está la pregunta que hay debajo de todo: ¿en qué crees que se te permite tener éxito? Algunas personas aceptan elogios por ser «majas» pero no por ser inteligentes. Otras llevan bien «trabajadora» pero entran en pánico con «talentosa».

Esas diferencias señalan directamente las zonas donde tu autoestima está limitada. Los lugares donde en secreto temes ser un impostor.

Cuando el elogio cae en esas zonas, se siente como una luz potente en una habitación desordenada. El instinto es apagar la luz. El verdadero trabajo es ir ordenando la habitación despacio y con cariño, un «gracias» honesto cada vez, hasta que el brillo se sienta menos como exposición y más como hogar.

Punto clave Detalle Valor para el lector
La reacción al elogio como espejo Tu respuesta instintiva muestra dónde tu autoimagen interna choca con el feedback externo Te ayuda a detectar creencias ocultas sobre lo que mereces
El «gracias» simple como práctica Aceptar elogios sin desviarlos entrena tu sistema nervioso para tolerar que te vean de forma positiva Construye confianza real sin fingir ni sobrecompensar
Expandir la autoestima gradualmente Apuntar los cumplidos y revisarlos actualiza tu imagen mental de ti mismo Hace que el crecimiento se sienta con los pies en la tierra, no como «pensamiento positivo» forzado

FAQ:

  • ¿Por qué me siento incómodo cuando alguien me elogia?
    Tu cerebro compara el cumplido con tus creencias antiguas sobre ti. Si el elogio se siente «demasiado grande» comparado con cómo te ves, la incomodidad aparece como desvío, bromas incómodas o minimización.
  • ¿Desviar los elogios es solo humildad?
    A veces sí, pero desviar constantemente suele señalar baja autoestima, no modestia. La humildad permite que el elogio exista sin convertirlo en un debate.
  • ¿Cómo puedo aceptar elogios sin sonar arrogante?
    Quédate en respuestas cortas y aterrizadas: «Gracias, lo agradezco», o «Gracias, le puse esfuerzo». Nombras el esfuerzo, no declaras que eres mejor que nadie.
  • ¿Y si de verdad no me creo el cumplido?
    Trátalo como un dato del mundo exterior. No tienes que «sentirlo» al instante. Apúntalo, convive con ello y pregúntate: ¿qué vieron ellos que yo no estoy viendo?
  • ¿De verdad esto puede cambiar mi autoestima con el tiempo?
    Sí. La autoestima crece a partir de experiencias repetidas de ser valorado y permitir que ese valor te llegue. No persigues una sensación; construyes una historia nueva y más amplia sobre ti, un «gracias» cada vez.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!

Dejar un comentario